Imágenes de la ciudad

6 de feb. de 2014

Asanyamba

La zona oriental del país guarda una valiosa riqueza arqueológica, que por hoy a penas se ha comenzado a develar, datos generales y estudios esporádicos anteceden a este patrimonio nacional que intenta ser protegido por las autoridades culturales en conjunto con las comunidades.

Es de las zonas del país con pocos estudios arqueológicos, lo cual constituye para muchos investigadores uno de los mayores tesoros de historia de nuestros antepasados en el región.
Los lugareños pocos son los que saben de la existencia de sitios arqueológicos en la zona, territorio que resguarda piezas correspondiente al período clásico tardío-terminal.

En el departamento de La Unión, entre el municipio de San Alejo y el Golfo de Fonseca, existe mucha historia bajo la tierra y arena de la costa salvadoreña.

A tres horas de San Salvador en vehículo, uno puede llegar a una de las zonas más calurosas del país, entre humildes comunidades integradas por familias que se han dedicado de generación en generación a la extracción de la sal y la pesca como medios de subsistencia, encontramos el que se puede considerar hoy en día un verdadero tesoro arqueológico poco investigado en pleno siglo XXI.

El lugar pasa desapercibido incluso para aquellos que por años han habitado estas comunidades, la riqueza arqueológica que posee según Shione Shibata, jefe del departamento de Arqueología, de la Secretaria de Cultura de la Presidencia (SECULTURA), es una valiosa información que ha sido resguarda por la propia naturaleza.

A 15.3 kilómetros al este de San Alejo y 23 kilómetros de la boca del Golfo de Fonseca, se encuentran restos de lo que fue sin duda una antigua comunidad costera, denominada a finales de los años 70 por el arqueólogo norteamericano Stanley H. Boggs, como: Asanyamba.

En 1977 cuando Boggs se desempeñaba como jefe del departamento de Arqueología del Museo Nacioanl "Dr. David J. Guzman", impulsó un el “proyecto de rescate de emergencia El Chapernalito” en este sitio que ha dejado revelaciones para los investigadores las primeras de muchas que pueden encontrarse al desarrollar un estudio más integral de la zona. El proyecto de Boggs se impulsó ante las denuncias de saqueos en este lugar desconocido en aquellos días.

El sitio arqueológico contiene estructuras y piezas que podrían alcanzar los 1 mil 200 años de antigüedad. Se sabe que el Museo Nacional de Antropología cuenta con un aproximado de 346 fichas de este proyecto de rescate.

Las características de este sitio arqueológico son distintas a los que actualmente conocemos y que son vistas en los diferentes parques o museos del país. Asanyamba está cubierto por tierra y conchas. El 90% de la cubierta de la que fue en el pasado una plaza mayor, rodeada de pequeños montículos está oculta bajo cientos de conchas.

Actualmente se conoce que hay 22 estructuras arqueológicas y un aproximado de 15 montículos de conchas.

Restos arqueológicos de la zona.

Concheros o "conchitajes"

En países como Japón se dice que los concheros o "conchitajes" (montículos de conchas), son para los arqueólogos valiosas fuentes de información, de ellos pueden extraerse datos en torno a nutrición, manejo de desechos, explotación y subutilización de recursos, entre otro tipo de información. Estas averiguaciones pueden ser aprovechadas por los arqueólogos y biólogos, permitiéndoles determinar patrones de vida de antiguas comunidades.

Uno de los más famosos conchitajes del mundo está ubicado en "Shell Mound Site", donde se sabe existen más de 1 mil sitios. Científicamente está comprobado que el calcio de las conchas logra preservar huesos humanos y de animales, cerámicas y residuos de comida "por más de 10,000 años", contextualiza el arqueólogo Fabricio Valdivieso, en una publicación de la edición 6, de la Revista "El Salvador Investiga".

En otros casos se ha demostrado que la utilización de conchas se puede dar con fines mortuorios, como sucede en Punta Chiquirín, según advierte Valdivieso en el mismo artículo. Tesis que es compartida ahora por Oscar Camacho, miembro del equipo de trabajo en el departamento de Arqueología de SECULTURA y especialista en el tema de concheros.
Aunque Camacho cree que habría que determinar qué utilidad tuvo la concha en El Salvador. "Es necesario hacer una investigación integral", añade el profesional.

“En el caso de Asanyamba sí se puede apreciar como un lugar específico que se acumula el material, pero en el caso de Punta Chiquirín estamos viendo que ahora que hay que considerar muchas cosas. Asanyamba estamos tratando con un centro ceremonial, aquí es un poco distinto…no nos indica nada a decir que es eso (en Chiquirin)”, insiste Camacho.

Por ello, no es extraño que al caminar sobre el terreno donde está ubicado Asanyamba, se puedan encontrar con facilidad restos de la última cosecha, conchas blancas y en los alrededores de los montículos fragmentos de piezas de barro, algunos con detalles y decoraciones en pintura.

Primeras investigaciones

Asanyamba que en lengua lenca significa "Caliente", según lo definió Benigna Larín de Lardé, es un lugar cubierto no sólo por la arena del mar sino por conchas que por muchos años han resguardado piezas de comunidades indígenas prehispánicas que vivieron en el lugar.

La investigación hechas por Boggs y que en la actualidad son la base para nuevas exploraciones, particularmente por el departamento de Arqueología de SECULTURA, que intenta a futuro preservar el sitio y otros más que son amenazados por la urbanización o la falta de conciencia de algunos propietarios donde se han encontrado.

Shibata, es un experimentado arqueólogo japonés con 16 años de residir en El Salvador, no oculta su emoción cada vez que pisa el suelo en Asanyamba, ya lo considera un lugar importante para la arqueología nacional.

Asanyamba se encuentra en un terreno privado, sin embargo Shibata se muestra optimista porque se ha logrado concientizar a la familia que lo posee y que en los últimos años les han permitido continuar desarrollando las investigaciones.

"Hace 10 años el problema que teníamos era que extraían la concha del lugar", recuerda el arqueólogo y que la misma era utilizada por una empresa avícola para triturar las conchas que posteriormente servían para complementar la comida para aves de corral.

"Se trituraba la concha para que el cascaron de los huevos de gallina se hagan más fuertes", recuerda Ramon Rivas, director de Patrimonio Cultural.

Y agrega que “eso ha sido superado y hoy sólo se cultiva el terreno”. El lugar es considerado como “ un corredor comercial”. La cerámica encontrada en Asanyamba y en Punta Chiquirín “se ha encontrado también en Copán, eso nos demuestra que pudo haber movimiento de comercial y producción de sal”, explica.

El artículo de "El Salvador Investiga" detalla que en la ficha de registro número 53-1, "Asanyamba se describe como un puerto precolombino dedicado al comercio y productos del mar, especialmente sal (Jorge Mejía: 1981). Esta idea básica del sitio fue sustentada aun 27 años después, hasta que un reciente interés por el mismo ha proporcionado nuevos aportes", recalcó en esa oportunidad Valdivieso.

Se dice que otro de los estudios más importantes es el realizado por la arqueóloga Marilyn P Beaudry, a inicios de l980 quien habría elaborado la primera clasificación cerámica y las primeras interpretaciones formales acorde a lo encontrado. Según la tipología cerámica, las piezas encontradas podrían corresponder al período clásico tardío-terminal.

"Época en la cual pudo mantener contacto con regiones distantes en el interior de El Salvador, y otras áreas de la Centroamérica hispánica", se dice en la publicación.

El sitio al igual que otros en el país, es un área protegida por la Ley de Protección al Patrimonio Cultural de El Salvador, razón por la cual las autoridades intentan preservarlo pero sobretodo generar conciencia entre las familias vecinas a fin de que sea la comunidad la primera en protegerlo y heredarla a las nuevas generaciones. “La educación es un factor determinante en la arqueología”, puntualiza Shibata.

“Para oriente es muy importante aunque no tenga las dimensiones de sitios como San Andrés o Casa Blanca, de hecho se pueden sacar más datos arqueológicos de estos sitios porque nos hablan por ejemplo de actividad ritual, de vida cotidiana, actividades económicas que tenían” , enfatiza Camacho.

“Casi no hay muchas investigaciones en el oriente del país”, añade Shibata quien considera que la protección de los sitios arqueológicos en el país es fundamental para conocer más sobre la cultura ancestral. El Salvador posee de acuerdo a su mapa arqueológico 671 sitios; pero existen más de 1 mil 200 sitios desconocidos a escala nacional.


Oscar Camacho, Tecnico y Shione Shibata , coordinador del departamento de Arqueologia de la Secretaria de Cultura.

 
Compartir